CLAUDIA YAGNAM

CLAUDIA YAGNAM: Amor por la abstracción

Intensa y apasionada, la artista chilena Claudia Yagnam (Ovalle, 1962) busca canalizar toda su energía interna en un universo plástico abstracto. Esta energía que fluye, se conjuga con su inteligencia para captar y medir, para calcular y trazar en el papel en blanco un conjunto de líneas que la acompañan desde siempre.

Es así como -entre tintas, papeles y herramientas propias del oficio del grabado-, busca el silencio del taller para crear y luego de un exhaustivo trabajo de alquimia, se enfrenta al desafío de la prensa, cuyo proceso es algo incierto y misterioso. Entonces saca a la luz cada una de sus obras, que son también el reflejo de su propia vida.

Las líneas que caracterizan su creación son las que dan origen a diferentes series: “Ritmo Biográfico”, “El Mundo en Seis Metros”, “Online”, “Equilibrio”, “De Par en Par” y “Tejido Vivo”.

El comienzo se encuentra en su primera obra, que consiste en el ritmo electrocardiográfico de si misma.  En ella se percibe su secuencia biográfica, la línea que marca el latido, su sello que la identifica, lo cual da sentido a su denominación: “Ritmo Biográfico”.

En la segunda serie “El Mundo en Seis Metros” -producto de varios viajes-, recorre el mundo subterráneo de las vías férreas que pertenecen a distintas ciudades, utilizando sus planos e interviniéndolos. Aquí apunta a lo vertical, horizontal y diagonal, jugando con los trazos, ya sea extendiéndolos o incluyendo nuevas rutas. Es entonces cuando surge su veta conceptual que manifiesta una coherencia con el arte contemporáneo que practica.

“Online” profundiza en la verticalidad, los planos de color sobrios en su cromatismo, la luz y la textura.

El siguiente tema lo plasma en once piezas únicas, es decir en monotipias, irreproducibles, no editables. Porque la artista afirma “todos los seres humanos somos uno de uno”, argumentando una opción personal que enfatiza esta singularidad tan especial. Dicha serie denominada “Equilibrio” revela la pureza de las formas y la búsqueda de armonía, lo cual se manifiesta en la estructura y composición de cada uno de sus trabajos. Aquí Yagnam deja de manifiesto un claro afán: el balance de los diferentes elementos que incluye en su creación.

“De Par en Par” es otra secuencia que responde a una concepción dual de la vida, tras el fuerte movimiento telúrico que afectó a su país natal, aplicando en forma pareja (a partir del número dos) el tamaño, color del papel, tinta y registro artístico.

En “Tejido Vivo”, lo suyo es la línea, la figura geométrica, la austeridad cromática. El tríptico es fundamental en su propuesta, potenciando el valor del número tres. Se deja llevar por una secuencia de ondas, líneas y círculos, imágenes cuya simpleza privilegia la síntesis del lenguaje gráfico. En forma coherente, selecciona tres colores de tipo mineral: plata, oro, cobre, los que dan un toque de magia a su creación.

Tal es el camino incansable de Claudia Yagnam, quien se declara cautiva de la de la belleza. Su constante anhelo por la perfección la lleva a experimentar, con el objeto de descubrir las infinitas posibilidades que posee este riguroso oficio. Las imágenes emergen así libremente de la matriz e interactúan como fuerzas que se relacionan, se tocan y buscan dialogar, por medio de la trama y el movimiento, el gofrado y la textura.

La técnica no está exenta de un meticuloso manejo, cuya destreza le obsesiona: punta seca, aguafuerte, aguatinta, técnica mixta. En fin, todo un mecanismo que realiza “a mano”, desde la manipulación del papel, el dibujo en la matriz, la elaboración de la tinta, el color y su aplicación, la impresión en la prensa. Para ello
requiere de disciplina, concentración, ensayo y error. Incluso a veces ese pequeño “error” se convierte en registro, en huella, en evidencia de un interesante proceso de búsqueda y a la vez de encuentro.

Otra veta que desarrolla Claudia Yagnam es la pintura, pero no cualquier pintura: el gouache. Esta técnica, que se puede manejar con agua y tiene un tinte más orgánico, le permite desenvolverse con soltura, dando pie a la casualidad como reflejo de su intuición, sin desprenderse de lo abstracto. De ahí que las líneas y figuras geométricas también estén presentes sobre un fondo sutil, de colores suaves y apastelados, como si se tratara de la pátina del tiempo.

La artista continúa su investigación en el camino de la gráfica, donde despliega varias series: “Invierno”, “Horizonte”, “Neón”, “Septiembre”, “Bodegones”, “Metro de  París” y “En Línea”. Estas son fotografías de diversa inspiración, muchas de ellas sacadas con su teléfono celular. Marcadamente sujeta al mundo lineal, la luz acá es protagonista esencial.

“Invierno” es una reminiscencia poética que insinúa el paso de esta estación a través del follaje de los árboles, en un acercamiento especial que registra el movimiento oscilante de ramas y hojas al viento, con cierto carácter volátil. En relación a esta peculiar composición, aparecen cables eléctricos, construcciones o paisajes a contraluz, cuyo fondo es un delicado atardecer.

En “Horizonte” se da la conjunción entre cielo y tierra, con intervención de elementos que aluden a antenas, molinos de viento o suaves dunas. Se observa un efecto de rapidez al capturar la imagen, tal como si fueran pinceladas cortas, rápidas y movidas. La austeridad cromática, la exaltación del grano, las diagonales, las luces en el cielo, junto a un desenfoque intencionado del lente, le imprimen a esta serie un afán nostálgico, como si se tratara de un día en su ocaso.

“Neón” plasma el movimiento vertiginoso de las luces fluorescentes que dan una sensación de trazos libres y gestos espontáneos, dando origen a formas ondulantes. Con un toque de brillo, se vislumbra cierto contraste con un fondo oscuro. Dentro de esta secuencia, destacan los reflejos de un edificio que muestra una visión alterada de la realidad. El grano evidente y la textura que se asoma, semejan a la práctica de la acuarela y la caligrafía oriental por lo sintético y mudo, respecto a los colores vibrantes de las primeras formas abstractas.

“Septiembre” alude a un tranquilo mar visto a través de una ventana. El suave oleaje en blanco y negro, sepia o colores vivos, va dando a la misma imagen original, un modo de ser diferente. El esfumado, la textura, la limpieza, la intervención lineal, los trazos que dividen el espacio y demarcan verticalmente, otorgan ritmo a la composición y sus variantes, desde un colorido espectáculo hasta la paz de la mirada nocturna.

En “Bodegones”, se distingue una imagen como si se mirara a través del ojo de una cerradura. Tal como si se narrara una historia cotidiana que va variando en sus puntos de vista, aquí el ángulo de observación adquiere relevancia en un peculiar juego de luces y sombras, cargadas de una cuota de misterio. Entonces aparece una figura central en un fuerte azul - acaso un ánfora-, cuya segmentación intriga por su ambigüedad y su propia corporeidad, la cual lejos de ser obvia, permite al voyerista hacerse parte de ella.

La primera imagen del “Metro de París” capta un peculiar momento de personas inmersas en su propio mundo, cuyo fondo es nada menos que una gran fotografía en blanco y negro. Así se asoma la vida y el movimiento, como registro de la vorágine o paso del tiempo en colores metálicos y contrastantes. Líneas profundas se dirigen a diferentes puntos de fuga que atraen la mirada, la cual se pierde en el fondo. Personajes anónimos circulan en un pulcro metro parisino que pareciera transformarse en un lugar universal de tránsito, que registra un momento detenido y fugaz.

“En Línea” es abstracción pura: haces de luz que se cortan sobre fondos cuya textura enriquece la vista del observador. El esfumado resalta cierta intención óptica de desenfoque, lo cual da origen a una atmósfera matizada con suaves toques de gris y a la vez, con sombras que se proyectan. Un objeto indefinido de un rojo intenso en primer plano, le da color y dinamismo a la composición.

Cada paso que da tiene un propósito: que el espectador pueda abrirse a la imaginación, libre de prejuicios, discursos o ideas preconcebidas. ¿El desafío? Encontrarse con una gama infinita de posibilidades que le permitan observar, hacerse preguntas y descubrir un horizonte, más allá de la realidad inmediata. Esta es la invitación que plantea la artista para quien quiera compartir los anhelos y sueños que le rondan, los cuales revelan un mundo interior pleno de vida, en constante expansión.

Por Bárbara Becker: Licenciada en Historia y Estética de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

 

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